Hablando de justicia

Hablando de justicia

Mi nombre es Adriana y tengo dos pequeños hijos, Mateo de 5 años, y Max de año y medio.

El diario vivir en nuestra casa se torna muy divertido e interesante como te podrás imaginar, y la paciencia y la justicia toman un rol sumamente importante cada día e incluso ¡cada hora!

Un día común y corriente Mateo de 5 años estaba jugando con sus espadas, cuando lo hace se torna un poco violento y gritón, en verdad cree que está en medio de una batalla de vida o muerte y defiende su puesto con gritos y espadazos bien dados, sin embargo, justo en ese momento yo estaba por dormir a Max de año y medio y comencé a exigirle que guardara silencio y dejara de jugar, a regañadientes lo dejó de hacer y continuamos con el día. Más tarde los metí a bañar y para hacerlo de manera más ágil los metí a la regadera al mismo tiempo sin darme cuenta que el agua estaba por terminarse, inmediatamente le pedí a Mateo que fuera valiente y aguantara el frío un momento para bañar a Max primero ya que es más pequeño. Con mucho frío Mateo aceptó y esperó. Terminé bañando a Mateo con agua muy tibia, casi fría.

Al darles de cenar llegó mi esposo del trabajo, así que les serví a los tres en la mesa, pero Max, el menor, comenzó a pelear con Mateo por la silla, Max quería la silla de Mateo pero Mateo no cedía, no estaba dispuesto a prestársela, así que mi esposo le dio un buen grito diciéndole: –“¡Comparte, no seas malo con tu hermano!”

Mateo lloró, y estaba tan enojado que corrió a su cuarto aventando la puerta y gritando: –“¡Ya no los quiero ver más!” Oíamos cómo aventaba todos sus juguetes con mucha ira.

Mi esposo le dio un segundo grito: –“Puedes estar enojado, pero no puedes maltratar tus cosas, si lo haces ¡te las voy a quitar!”

Al ver y oír toda la escena me di cuenta que no era la silla todo el problema, sino la injusticia que Mateo vivía todo el tiempo.

Lo justo es tener derechos y obligaciones, responsabilidades y recompensas, pero sin elegir, Mateo solo vivía obligaciones, exigencias y frustraciones.

Era muy injusto quitarle a Mateo su espacio, su tiempo y sus cosas a causa de su hermano menor y no lo habíamos notado. La impotencia, el enojo y la amargura fueron tomando lugar en el corazón de Mateo, y aunque ama tanto a su hermano y a sus papás llegó al punto de no querer estar cerca de ellos y, peor aún, destruir todo lo que le apasiona (sus juguetes).

Se me salieron las lágrimas de vergüenza, le platiqué a mi esposo la forma en la que estábamos viviendo y los dos decidimos hacer algunos cambios.

Cuando Mateo se calmó fui a su cuarto y lo abracé… Le pedí perdón con todo mi corazón y él comenzó a llorar nuevamente, pero ahora sin enojo, sino con dolor. Su corazón estaba muy lastimado y su mente confundida. Él no entendía el amor y la injustica, el enojo y las ganas de destruir, solo se sentía abandonado y lastimado. Lo abracé más fuerte y le pedí perdón más fuerte todavía…. –“¡No me di cuenta!”, le dije

“Te amo y aprenderé la forma de mostrártelo como tú necesitas. ¿Me das otra oportunidad?”

“¿Me ayudas a darme cuenta? ¿Me disculpas por no enseñarle a tu hermano a respetarte y honrarte? ¿Me perdonas por elegir tener otro hijo y olvidarte a ti? ¡Tú eres importante y a partir de ahora trataremos de vivir en justicia todo el tiempo!”

De pronto Mateo dejó de llorar, me miró y me dijo: –“te amo mami. Perdóname por tirar mis juguetes, sí le voy a prestar la silla a Max”.

Yo sonreí y me limpié las lágrimas. Cenamos felices y con un gran deseo de aprender a ser justos y sanar nosotros también las miles de injusticias a las que nos enfrentamos día a día.

Entendimos que mucho del enojo y amargura que tenemos es a causa del dolor que guardamos a través de los días.

Hoy me di un tiempo para hablar con Dios y llorar junto a Él aferrada a Sus brazos, sanando y sacando el dolor…. A cambio recibí paz y alegría para volver a amar y dar. Entendí que hacer mi propia justicia me lleva a la destrucción de lo que amo, así que decidí descansar en Él y permitirle que sea Su justicia la que dirija mis pasos.

 

La fidelidad de Dios nos dice:

Hebreos 12:15

“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”.

Job 33:26

“Orará a Dios, y éste le amará,

Y verá su faz con júbilo;

Y restaurará al hombre su justicia”

Salmos 18:24

“Por lo cual me ha recompensado el Señor conforme a mi justicia;

Conforme a la limpieza de mis manos delante de su vista”

Salmos 23:3

“Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre

Salmos 24:5

“Él recibirá bendición del Señor, Y justicia del Dios de salvación”

Mateo 6:14

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial”

Adriana Torra


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