“Quien no creía, creyó. Contra todo diagnostico, hoy soy mamá”.

“Quien no creía, creyó. Contra todo diagnostico, hoy soy mamá”.

Cuando me preguntan acerca de mi testimonio siempre me causa una sensación muy fuerte contarlo, ya que, Dios me permitió vivirlo para que fuera testimonio de Su poder y Gloria. ¿Por qué yo?, ¿Por qué así? Solo sé que mi vida era casi perfecta hasta que viví una de las pruebas más fuertes que puede vivir una mujer. El querer ser madre y no lograrlo.

Recuerdo ese primer momento en el que mi esposo y yo tomamos la gran decisión: “Queremos ser padres”. Después de cuatro años de casados y de un matrimonio hermoso decidimos comenzar una nueva aventura. ¡Quedé embarazada a la primera!

Todo parecía sencillo, era perfecto. Yo era joven y el también y todo a nuestro alrededor estaba lleno de alegría. La gente nos felicitaba, se escuchaban ideas de nombres, recibíamos regalos, en fin. Nos convertiríamos en padres. Así, con ese entusiasmo fuimos a la segunda revisión con el doctor. No olvidaré ese sencillo consultorio y como el doctor revisaba con esas súper máquinas de ultrasonido a nuestro bebé. Por varios minutos el doctor no dijo una sola palabra. Empecé a sentir que algo estaba mal, y así fue. El bebé no estaba ahí. El bebé que debía verse para esa fecha con corazón y movimientos se había desintegrado, o algo así. No había explicación.

Recuerdo ese momento, fue duro, y era duro también para los que nos amaban. Llegamos a casa y estaba pasmada, no podía ni llorar, hasta que sentí

… Rebasaba mi entendimiento, así que lloré hasta el final y después quedé tranquila. Con fe, lo acepté y Dios me dio la fuerza. En verdad fue como un milagro la paz que sentí. Entendí que había un propósito mas grande en todo esto.

Después vinieron las palabras médicas de aliento, en donde me decían que era muy común y que seguro podría volver a quedar embarazada y así fue, ¡A los 8 meses otra vez embarazada!. Esta vez fue mejor, ese bebé estaba ahí. Escuchamos su corazón y vi sus movimientos, todo iba perfecto y lo anterior solo había sido… una pesadilla. Antes de hacer un viaje fuimos a consulta médica, se suponía todo iba bien. Y de pronto ese silencio otra vez, el peor silencio de mi vida. ¿Dónde estaba ese bebé juguetón que se movía tanto?, ¿Dónde estaban esos latidos fuertes?. No estaban. Ese bebé otra vez, ya no vivía. Entré al quirófano y en poco tempo ya no era madre mas. Ya no había bebé, sólo había una duda, incertidumbre, decepción y profundo dolor de preguntarme ¿dónde estaba ese Dios al que yo servía todos los días? Si lo anterior había sido difícil, esto era indescriptible.

Nuevamente llegué a mi casa. Al mismo lugar donde había estado con Dios orando pero esta vez no quería hablar con Él nunca más. Pero aún a pesar de como me sentía no pude dejar de ir a Sus pies. ¿A dónde más podía ir?. Fue ahí donde empezó una travesía hermosa en el desierto. Viví tomada de la mano de Dios y Él me hablaba claramente todos los días. Me hablaba y me decía “tendrás un hijo”, me hablaba y me decía “no me he olvidado de ti…”.

Sería una historia mucho más larga si pusiera todo lo que pasó en esos dos años de esperar en Dios. Aún contra todo diagnóstico médico seguí creyendo. Me hice estudios, muchos, pero no llegaba otro bebé y los médicos no sabían que pasaba. Comencé a preguntarle a Dios si esto era algo que iba a pasar o no. Recuerdo que una vez decidí ayudarle a Dios y empecé a buscar como adoptar un bebé. Investigué y estuve a punto de hacerlo pero las cosas por una u otra razón no se daban. Así que simplemente se lo entregué a Dios, decidí no aferrarme más, lo solté y dije: “Señor, si quieres que pase, pasará”. Así que decidí no aferrarme en mi corazón, creer y confiar en Dios, orar intensamente, pero también descansar en Él. Recuerdo que mi esposo me dijo: “Si tenemos hijos o no, no importa, aun así, ¡vamos a servir al Señor y a ser felices! porque nos amamos. Aún hay muchas cosas por delante”. Eso me llenó de paz, fue la voz de Dios diciéndome: “No aferres algo en tu corazón, entrégamelo y yo lo haré en mi tiempo.

Y fue así. En ese mismo año, no más de tres meses después, el día de mi cumpleaños noté el famoso retraso. Dudaba estar embarazada pero aún así me hice el examen y ahí estaban esas dos rayas. Gritando que estaba embarazada corrí al doctor. Tenía miedo de pasar por lo mismo, ahí estaba mi bebé, Dios me decía “este es el bebé que te prometí”.

Aunque el embarazo fue tenso y difícil todo fue más que perfecto. El 19 de abril del 2013, a las 12 a.m. tenía a mi bebe en mis brazos. No puedo describir lo que sentí, fue simplemente la gracia de Dios en todo su esplendor. Esa mañana Dios me habló y me dijo: “Ese bebé será prodigio para muchos…” y así fue. Quien no creía, creyó.

… No solo me llenaba de ver el milagro y la misericordia de Dios en mi vida, sino el hecho de que muchos glorificaron a Dios a través de mi bebé.

 

 


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